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viernes, 4 de noviembre de 2016

EL ESCENARIO DE LA NOVELA


Hellstown es una gran ciudad que domina la Gran Bahía del este de EE. UU. Es una de las ciudades más importantes del mundo, con una población de unos ocho millones de habitantes. Allí los ángeles caídos tienen uno de sus principales centros de control económico y político sobre el mundo de los mortales, desconocedores de su existencia. El clan dominante actualmente son los Señores de la Llama Eterna, apodados “Sangre Azul”. Blake, el protagonista de Balada de los caídos, pertenece a este clan, aunque no se siente especialmente identificado con él. Se trata de una importante familia –como también se denomina a los clanes– procedente de Europa central, desde donde una rama cruzó hace cuatro siglos el Atlántico para instalarse en América. Llevaban consigo un pebetero en el que ardía la Llama Eterna que les da nombre y es su símbolo; según la leyenda, es fuego celestial robado por sus antepasados durante la Caída, cuando los caídos fueron desterrados del Empíreo. Desde entonces habría ardido ininterrumpidamente en la Tierra, durante eones, como recuerdo de su origen divino. Este fuego arde actualmente en el pebetero situado en una de las plantas superiores de la Torre Elysius, el edificio más alto de Hellstown (conocido como “el Elíseo”). Los Señores dominan la ciudad a través de una multinacional, la Elysius Enterprises, que tiene su sede en dicha torre.

El actual Alto Señor, que dirige el clan, es Theodor, un antiguo soldado convertido en líder político tras expulsar a su predecesor, William (quien fue el mentor de Blake). Su mandato se ha caracterizado por desviarse de la filosofía tradicional del clan, vinculada al cultivo de la sabiduría y las artes, y con una gran preocupación por mejorar el mundo de los mortales –si bien dirigiéndolos en la sombra, al margen de su conocimiento y voluntad–. Ahora, en cambio, los Señores se entregan al poder más mundano, manipulando la política y la economía mortales con fines más bien materiales y egoístas. En las últimas décadas se han ido convirtiendo en un clan cada vez más decadente, y su hegemonía sobre Hellstown está en entredicho.

El clan que les disputa el poder son los Luna Negra, surgidos en la ciudad a mediados del siglo XX, a partir de una mezcla de Solitarios (caídos sin clan) y de miembros expulsados de otras familias. Se organizan como una gran banda, y en las calles se dividen en “manadas” que imponen el miedo entre la población de los barrios que controlan –que cada vez son más–. Han crecido mucho en los últimos años, y son ya la mitad de los caídos de Hellstown; el clan más numeroso, con diferencia. Si bien reclutan a la peor chusma, y apenas proporcionan instrucción a sus neófitos, el factor número y sus prácticas brutales los han llevado a dominar todo el suroeste de la Bahía, una zona en la que los Señores ya no tienen dominio alguno y que la policía, controlada por éstos, apenas se atreve a patrullar.

Su organización en manadas está relacionada con su animal totémico, el lobo; se dice que practican extraños ritos iniciáticos relacionados con éste. Dichas manadas están fuertemente jerarquizadas. El ascenso en el escalafón tiene que ver únicamente con la fuerza y el valor demostrados, con su capacidad de imponer miedo tanto a los mortales como al resto de caídos. De ahí que éstos, aparte de “Lunas” o “Lobos”, suelen referirse a ellos como “Perros”. Su actual líder es Hador, un oscuro personaje que fue un Señor de la Llama hasta ser expulsado por sus prácticas crueles y violentas. Eso explica que su odio y rivalidad hacia los Señores sea enorme y defina su política de expansión territorial. En los últimos años ha llevado a los Lunas a tener un tamaño y una influencia con los que nunca pudieron soñar, organizándolos y disciplinándolos fuertemente.

Los Lunas obtienen sus recursos de burdeles, casas de juego clandestinas y del tráfico de drogas, que en la zona de Hellstown que controlan se han disparado de forma alarmante para las impotentes autoridades civiles. Como el suroeste de la Bahía está en sus manos, disponen de un importante puerto a través del cual realizar el contrabando. También se caracterizan por usar a muchos mortales como siervos, los cuales normalmente desconocen el carácter sobrenatural de sus amos. Uno de esos mortales es Rain (la coprotagonista de la novela), la novia de Moloch, uno de los lugartenientes de Hador. De todas formas, su grado de conocimiento e implicación en el clan no está nada claro.

También tienen presencia en Hellstown otros clanes menores, como los Guardianes de la Fe, obsesionados con la redención; o los Mendigos, que ayudan a los pobres y desvalidos. Caso aparte son los Solitarios, caídos neutrales ajenos a todo clan. Entre ellos destaca el famoso Oscar, dueño de El Purgatorio, el local más frecuentado por los caídos de la ciudad; territorio franco donde todo enfrentamiento está prohibido.

Hellstown es una ciudad gris, sucia y algo tétrica. La crisis económica ha causado mucho paro y un gran incremento de la delincuencia. Antaño fue una ciudad luminosa y próspera, pero la corrupción y la decadencia se han cebado en ella, en gran medida por la dejadez de los Señores de la Llama en las últimas décadas. Ésa es la situación que los Luna Negra están aprovechando para incrementar su poder. Entretanto los mortales, ignorantes de todo, siguen haciendo sus vidas en una ciudad que sólo les promete un cada vez más oscuro futuro. Y ello empeora cuando, de repente, empiezan a dispararse los eventos sobrenaturales sin que los caídos de la ciudad entiendan por qué. Es ahí cuando empieza Balada de los caídos






© 2017, D. D. Puche y Grimald Libros. 
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