domingo, 19 de febrero de 2017

EL PURGATORIO


Esa noche había una larga cola para entrar en El Purgatorio. Tras unas cuantas actuaciones exitosas el nombre de Cold Rain había corrido de de boca en boca, y empezaban a ser conocidos en el ambiente underground de la ciudad. Como a Blake no le apetecía esperar, se dirigió directamente a la puerta, donde el tipo musculoso de la otra noche, que lo reconoció, lo dejó pasar.

El local estaba ya bastante lleno cuando Blake entró y se abrió paso hacia la barra. Esa noche no venía a hablar con Oscar, y viendo cuán abarrotado estaba aquello, se imaginó que su amigo tendría obligaciones que atender, así que ni se planteó subir a la planta vip. Esa noche era uno más; compartiría la pista con el resto del público, entre el que percibió a algún Luna Negra, y también a varios Íncubos y Súcubos. Lo típico allí; si lo percibieron a él, pareció darles igual. Así que se quedó abajo, con una cerveza, en una zona cercana a la barra que, aunque más alejada del escenario, le permitía tener una mejor visión del mismo. El ruido era considerable, así como la cantidad de gente de estética rockera, gótica y punk.

Entre el tumulto se podían escuchar algunos arpegios de guitarra de los músicos, que estaban afinando sus instrumentos. Justo cuando Blake dio cuenta de su cerveza y dejó la botella vacía sobre una repisa lateral, la luz se apagó casi por completo, y cada miembro de la banda ocupó su sitio en el escenario. Entonces subió a él la joven cantante y se puso en el centro. Blake quedó atrapado por su visión; no podía apartar los ojos de ella. Se escuchó el lamento de una guitarra eléctrica abriendo el concierto, mientras los silbidos y el griterío que ahogaban todo sonido se iban apagando. El comienzo del tema era lento y melancólico, oscuro, hasta que entraron la batería, la otra guitarra y el bajo llevándolo hacia paisajes más agitados. Entonces se dejó oír la voz agridulce de Rain; un foco se encendió directamente sobre ella desde la parte trasera del escenario, dando a su figura un aspecto algo fantasmagórico pero a la par muy sensual, mientras arreciaban los silbidos de júbilo del público.

Aunque antes de la otra noche Blake nunca había visto a Rain, le parecía reconocer sus sutiles movimientos de cadera o las inflexiones de su voz como si la conociera de toda la vida. Sin duda había vivido y sufrido mucho, a pesar de su juventud; nadie que cantara así, que pudiera transmitir ese dolor y esa rabia contenidos, podía carecer de un amargo pasado. Eso le hizo sentirse aún más atraído por ella. Se sentía envuelto y transportado por la música. Ni siquiera pensó en conseguir otra cerveza; tan absorbido estaba por esa muchacha que se comía el escenario y llenaba el local entero con su voz y su presencia.

Entre el gentío, el furor de la actuación y el ensordecedor sonido de la música, Blake reparó en el aura de aquella belleza siniestra vestida de cuero negro y de larga melena suelta. Era un aura extraña, muy extraña: oscura y atrayente a la vez. No recordaba haber percibido otra igual en ningún mortal. Tenía unas tonalidades, por así decirlo, fuera del espectro habitual. Tal vez ello tuviera algo que ver, aparte de sus cualidades musicales y las del resto de la banda, que eran innegables, con el rápido éxito que estaban teniendo. Ella parecía atraer, como la luz a los insectos, al público que cada noche se congregaba en mayor número para verlos actuar. Era, sin duda, un ser fascinante, fuera de serie. Cada uno de sus movimientos, de sus gestos, su voz, su bellísimo rostro, su mirada… Blake estaba como hechizado por ella. No se había sentido así desde que estuvo con Karen.

Mientras escudriñaba a la joven, ésta pareció notar por un momento la mirada de Blake entre los cientos que allí se centraban en ella. Él juraría que, justo cuando ella entonaba las notas más agudas del sobrecogedor estribillo de la canción, clavó sus ojos en los suyos –pese a que él se encontraba en un rincón apartado, entre las sombras–, para después dejar caer la mirada y continuar cantando, durante unos segundos, con los ojos cerrados. Blake se quedó paralizado por esa mirada, hasta que terminó la actuación.

Un rato después de que ésta acabara, los miembros de la banda habían dejado sus instrumentos sobre el escenario y estaban bebiendo unas cervezas que alguien les acercó. Hablaban animadamente entre sí y con gente del público que se acercaba a felicitarlos. Blake contemplaba a Rain desde la distancia, de nuevo con una cerveza en la mano. En un momento dado, ella levantó la mirada, mientras sonreía por algo que le habían dicho, y a través del espacio y del gentío miró a Blake a los ojos de nuevo, como si supiera perfectamente dónde se encontraba. Él le devolvió la mirada, pero entonces ella la apartó, instantáneamente, con desdén. Blake estaba confuso por la conducta de esa chica que tan extraña fascinación le producía. ¿Se había fijado en él casualmente? ¿Cómo es que, por dos veces ya, le había lanzado esas miradas, como si él fuera el único que estaba allí? ¿Qué era eso que ella tenía y que él era incapaz de explicar?

Blake se estaba haciendo estas preguntas cuando vio a un grupo numeroso de Lunas acercarse a la banda. Entre ellos estaba el indeseable de Baal, que según le había dicho el Viejo Jack –al que, por cierto, le extrañaba no haber visto por allí aquella noche–, era su novio. Y resultó ser cierto: se acercó a ella y le rodeo la cintura con su brazo, besándola en la boca. Ella parecía muy satisfecha, y se quedaron así un buen rato, mientras hablaban en grupo. Blake sintió una súbita ira al verla con ese tipo. No podía apartar la mirada de ellos a la vez que se lo recriminaba a sí mismo. «Estúpido», se decía; «¿a ti qué más te da? ¿Qué puede importarte esa chica? Sólo la has visto un par de veces, no es nadie. Y está con un Luna; debe de ser como ellos. Seguramente una de sus siervas mortales».

Y de repente, en ese instante de gran contradicción interna, Rain volvió a mirarlo. Esa vez la mirada fue más intensa, más significativa, pues desde donde estaba tuvo que girar claramente la cabeza para posar sus ojos sobre él. No parecía un cruce de miradas casual, ni mucho menos, sino deliberado. Fueron dos o tres segundos, pero a Blake le pareció que el tiempo se congelaba y duraban una eternidad. Había todavía algo de desdén en la expresión de ella, pero no tan acentuado como la primera vez; incluso, le pareció a Blake, había un matiz de curiosidad en esa mirada. Llegó a preguntarse si no estaba imaginándoselo, si no era casualidad que cruzaran sus ojos entre la multitud por tercera vez, o si era simplemente que ella se había dado cuenta de que él la miraba y le devolvía la mirada a su vez. 

Pero no, sabía que no era posible. Ella lo estaba mirando a él, y era ella la que lo había encontrado, entre todo el mundo, siempre a la primera, como si supiera dónde estaba en cada momento. De nuevo Blake se quedó perplejo. Entonces, como si el maldito Baal se hubiera dado cuenta de que estaba mirando a su chica, la cogió por la barbilla con la mano libre, la atrajo hacia sí y le dio un profundo beso en la boca. Y mientras lo hacía, abrió los ojos y miró a Blake, desafiante, como diciéndole: «¿qué haces mirando lo que es mío?» Parecía importarle más la reacción de Blake que la de ella. Tras soltarla, se quedó mirándolo y esbozó una maliciosa sonrisa. Rain ya no lo volvió a mirar, de espaldas a él como había quedado y con su novio sujetándola firmemente contra él. 

La botella de cerveza estalló en la mano de Blake. Se dio la vuelta, desentendiéndose de ellos, y se acercó de nuevo a la barra, donde estaba la camarera pelirroja, a la que pidió otra cerveza. [...]



alt="balada de los caidos, el purgatorio"


© 2017, D. D. Puche y Grimald Libros. 
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